martes, abril 22, 2014

El Papa Juan XXIII y su íntima relación la Iglesia Boliviana

Ante la inminente canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II preguntémonos ¿cuál era la relación de Juan XXII con la iglesia boliviana?
La relación del Papa Juan XXIII con la iglesia boliviana es mucho más profuna de lo que podemos imaginar, porque este Papa – nacido en Bérgamo – fue el artífice de un matrimonio indisoluble entre la diócesis de Bérgamo y la Iglesia de Bolivia, que en 50 años ha visto nacer cantidad de obras sociales como colegios, orfanatos, iglesias, casas de formación; y como “no solo de pan vive el hombre”, el fruto de esa unión impregnó de vitalidad a la iglesia boliviana a través del servicio de sacerdotes, obispos, misioneros, consagradas y voluntarios. Fruto de ese matrimonio también puede considerarse el hecho de que la comunidad migrante boliviana más grande de Italia se encuentre precisamente en Bérgamo.

Angelo Roncalli, quien tomaría el nombre de Juan XXIII, conocido como el Papa Bueno será canonizado este 27 de abril y en el proceso que lo ha llevado a los altares, seguramente se puede añadir el peldaño boliviano. Veamos cómo.
La génesis de este fructuoso enlace italo-boliviano fue en la década de los años 60 cuando en la metrópoli paceña la Iglesia Católica era gobernada por el famoso arzobispo boliviano Mons. Jorge Manrique, junto a su obispo auxiliar Genaro Prata, de nacionalidad italiana. Según las memorias recogidas por el Centro Misionero Diocesano de Bérgamo y confrontadas por los testimonios de quien escribe, una mañana de Audiencia General en la Plaza San Pedro del Vaticano, Mons. Prata aprovechó el saludo al Papa Bueno para hacerle un pedido con ojos llorosos y sosteniéndole la mano: “Ya no puedo más, mi vastísima arquidiócesis no tiene suficientes sacerdotes. La gente pide pan y no tengo quién se los pueda dar. Es un sufrimiento grande y solo usted puede ayudarnos...” habría sido el lamento del obispo auxiliar de La Paz. Esas palabras impactaron mucho al Papa Juan XXIII pero la providencia quiso que en la misma fila – metros más atrás - se encontrase el Obispo de Bérgamo, mons. Giuseppe Piazzi; cuando Juan XXIII lo vio indicó al obispo auxiliar de La Paz: “pídaselo a aquel obispo, verá que algo sucederá”. 
Meses más tarde llegaba una carta a la curia bergamasca suplicando el envío de misioneros a Bolivia; utilizar el verbo “suplicar” no es una exageración como el lector podrá apreciar el tono de la carta enviada por el Arzobispo Manrique al Obispo Piazzi.
Fue así – el mismo día de la apertura del Concilio Vaticano II – un  11 de octubre de 1962, que desde el puerto de Génova zarpaba un gran transatlántico con rumbo a América Latina, y en él viajaban Berto Nicoli y Luis Serughetti, dos jóvenes sacerdotes que entregaron su vida a favor de la iglesia boliviana; esos primeros sacerdotes fueron como el trigo triturado destinado a dar grandes y abundantes frutos; pero esa es otra historia.
El genio precursor de este Papa bonachón que fue capaz de cambiar la Iglesia universal, también renovó el rostro de la iglesia boliviana. Pidamos a San Juan XXIII seguir intercediendo por la renovación y fortificación de la iglesia boliviana.
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Quede como testimonio de esta anécdota providencial, el siguiente fragmento de la carta enviada desde el arzobispado de La Paz hasta la Curia de la diócesis de Bérgamo al inicio de la década de los años ’60. Es fácil imaginar el entusiasmo esperanzado de estos dos obispos – uno que redactaba la carta y el otro que la firmaba – que desde Bolivia enviaron dentro un sobre sus últimas esperanzas.
Excelencia Reverendísima,
La tradicional generosidad de la población bergamasca, la riqueza de vocaciones sacerdotales y religiosas de su diócesis, la presencia de un Papa bergamasco en Roma, me impulsa a presentarle una solicitud personal y de nuestra vastísima arquidiócesis de La Paz.
Nuestra gente tiene hambre y sed de sacerdotes. Pero nosotros no los tenemos.
La educación de la juventud requiere fuerzas y energías más frescas. Pero nosotros no las tenemos.
Las ciudades crecen cada día más por el aflujo de la gente del campo. Serían necesarias iglesias nuevas y nuevos pastores. Una pequeña porción de ustedes, aquí es un mundo entero. Un gran regalo para cientos de miles de personas.
He escrito a tantas otras diócesis de todo el mundo, pero hasta ahora no tengo ninguna respuesta.
Este es mi última apelo. Es nuestro último S.O.S. como un barco que está por hundirse en la tempestad. No me diga que no. Yo mismo estoy dispuesto a partir enseguida a Bérgamo para explicarle personalmente nuestras necesidades. Es el corazón de un padre que pide pan para sus propios hijos...”
Por: Ariel Beramendi, sacerdote y periodista. (Con información del opúsculo “Bolivia, Misión en riesgo, de Giuseppe Rinaldi, editado por el Centro Misionero diocesano de Bérgamo)

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